Su abuela, en medio de su enfermedad era asistida y cuidada por su esposo, que como imaginarán también era un anciano, los hijos y nietos se preocupaban por el viejo, pero esté le decía que él se debía a su esposa. Tan abnegado era el señor, que prácticamente no se apartaba de ella.
El día que nadie quería que llegara , llegó. La abuelita falleció y ese día con la partida del amor de su vida también se fueron las fuerzas del abuelo. Él, se desmayó, y todos pensaron lo obvio: no aguantó el dolor, pobre hombre, se le fue el amor de su vida. Ya en el hospital, el abuelito hace algo que nunca había hecho mientras su señora esposa estuvo enferma, se queja. Declara que tiene una dolencia a nivel abdominal, luego del rutinario chequeo médico y los exámenes correspondientes, el doctor que le examina. comunica a los familiares lo impensable. El señor tenía cáncer de estomago. ¿Pero si nunca se quejó? ¿Pero, cómo, si no dijo que algo le molestaba? Se preguntaban. Lo cierto es que el señor, quedó hospitalizado, el cáncer era muy avanzado y en menos de una semana falleció. Todos se preguntaban ¿cómo pudo soportar el dolor que produce un cáncer de estómago? ¿cómo pudo un señor con esa edad, aguantar durante no se sabe cuanto tiempo ese pesar, sin proferir una palabra?El abuelito, cargó con su cáncer "silencioso", durante toda la enfermedad de su amada. Sólo y sólo cuando, ya su esposa había partido, cuando ya no había más nada que hacer. Fue cuando bajó la guardia y mostró su dura realidad, el peso que cargaba y que nadie sabía. Aquel secreto que guardaba, para no distraer a la familia y toda la atención la recibiera su esposa.
Ésto escapa a nuestra lógica, ésto solo se puede entenderse desde el corazón. Para comprender tal sacrificio, tal entrega, tal servicio. No puede, no debe verse con los ojos de la razón, debe verse con los ojos del amor. Con lágrimas en los ojos, con aliento entrecortado, éste joven contaba su historia y no sabía el favor que me hacía, pues yo también en mi interior repetía, pensado en mi futuro matrimonio: YO QUIERO UNO ASÍ.
Gustavo Córdova Rodríguez
Filósofo - Educador


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